05 Septiembre 2016

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Fernando Solsona

Pocos españoles, y no sólo de su tiempo, han alcanzado la talla e internacionalidad de Miguel Serveto. Es el más universal de los sabios españoles y, acaso con Luis Vives, el más europeo. Servet constituye un insuperable ejemplar de humanista. La variedad de sus inquietudes y de sus logros señalan al hombre universal del Renacimiento. Fascina su penetración en las más diversas parcelas del saber humano: filosofía, teología, geografía, astronomía, astrología, gramática, filología (dominaba latín, griego, hebreo, español, francés, alemán e italiano), fisiología, medicina. Admira la profundidad y amplitud de la obra de un hombre que muere recién cumplidos los 42 años.

Precisamente, con la fisiología y la medicina alcanza, sin que él lo presintiera, su mayor gloria. Y, curiosamente, su descubrimiento de la circulación menor de la sangre (la primera descripción en Occidente de este hecho) aparece en una obra de teología, su tratado princeps, «Christianismi Restitutio».

Servet, aunque admirado, no ha sido siempre entendido, ni siquiera conocido fuera de la descripción de la circulación menor y de su inmensa categoría moral que le lleva al martirio a manos de la Inquisición calvinista, por lealtad a unas ideas, por fidelidad a una amistad, y por su defensa genérica de la libertad de expresión.

Dr. Fernando Solsona Académico de la Real Academia de Medicina de Zaragoza

Fuente: Fernando Solsona, Miguel Servet, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1988, p. 11.